“Abre los ojos”: La posible extensión de la vida

En su segundo filme el director alcanza una sorprendente madurez cinematográfica, con un guion personal y otra vez componiendo su propia banda sonora orquestada. 


El destacado cineasta español Alejandro Amenábar nació en Santiago de Chile, tenía un año cuando nuestro polarizado país era una granada a punto de explotar ante los turbulentos momentos políticos que se vivían durante 1973; fue cuando su familia decidió salir del país y establecerse en la madre patria.

Me pregunto qué hubiese pasado si Amenábar hubiese permanecido en Chile, ¿habría alcanzado el prestigio que obtuvo en Europa y el mundo? El considerado niño prodigio del cine español tiene un récord de realizar la película más cara hecha en el país de los toreros y la zarzuela con “Ágora” (2009).

Ópera prima

El debut del director con “Tesis” (1996) fue sorprendente y con mucha personalidad, de su propia mano escribe un intrigante guion sobre snuff-movie o películas de violencia extrema.

Un año después realiza “Abre los ojos” (1997) alcanzando una sorprendente madurez cinematográfica, con un guion personal y otra vez componiendo su propia banda sonora orquestada, es decir, un cineasta completo. Qué más se puede pedir.


La película, mezcla de ciencia ficción e intriga psicológica con pinceladas hitchckonianas, tuvo un excelente recibimiento en cuanto festival se presentó en el mundo.

El metraje generó tanto impacto en el actor Tom Crusie que adquirió los derechos e hizo su propia versión, el triste remake “Vanilla Sky” (2001), una cinta fácil de olvidar.

Filme personal

En su segunda incursión Amenábar contó con un presupuesto mucho mayor que su primera obra, contando con todos los recursos técnicos para hacer su trabajo más personal en que nos expone interrogantes sobre la existencia, la felicidad e inmortalidad.

César (Eduardo Noriega), un joven millonario, con una vida privilegiada y todas las chicas a su alcance, de la noche a la mañana sufre un accidente automovilístico que no sólo le desfigura su rostro, sino también destruye su idílico mundo.

Tras conocer y enamorase de Sofía (Penélope Cruz), empieza la pesadilla de César en que se mezcla la realidad y la ficción en un espiral de situaciones que podrían desquiciar a cualquiera.

En estos momentos dramáticos la banda sonora creada por el propio Amenábar llega a punto máximo, dando un condimento especial a las escenas oníricas en que nos deja claro su influencia y admiración por Alfred Hitchcock.

Criogenización

César ve la posibilidad de cambiar su terrible destino, una corporación le ofrece adherirse a un programa de criogenización para mantener su cuerpo, y un “Plan B” en etapa de experimentación, que consiste en vivir un sueño o realidad virtual al gusto del cliente, una especie de paraíso en la tierra.

El filme mezcla la realidad virtual con los sueños, el amor, la percepción de la belleza, la angustia existencial, en una experiencia visual pocas veces vista. Por cierto, una propuesta original y entretenida que maneja a la perfección el cineasta español.

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