Alberto Fuguet a 30 años de Mala Onda: “Me gustaría pensar que ha envejecido bien”

“Lo escribí alterado”, dijo hace poco el autor, agregando que “no he vuelto a escribir así ni lo recomiendo”.

Fue la primera novela del escritor, la cual llegó a suelo nacional en enero de 1992. Es la historia del joven Matías Vicuña, quien vive una juventud de excesos y preguntas en pleno escenario del plebiscito del ’80.

Pero fue en septiembre de 1991 cuando el escritor Alberto Fuguet terminó las últimas páginas de su primera novela, Mala onda, amparado en Coca-Cola, café, líneas de coca y completamente rapado, armando una trama que mezclaba lo insolente y lo frágil.

“Tenía que expulsarlo lo más rápido posible, porque un libro así no era bueno ni para la salud mental ni la física”, contó en octubre a La Tercera. “Lo escribí alterado”. Es más, “no he vuelto a escribir así ni lo recomiendo”.

Estoy en la arena, tumbado, raja, pegoteado por la humedad, sin fuerzas siquiera para arrojarme al mar y flotar un rato hasta desaparecer…”, parte diciendo Matías Vicuña, el adolescente que protagoniza esta historia ambientado en el Chile en plena dictadura, durante plebiscito de 1980.

En ese sentido, esta fue una novela curiosa dentro de la obra de Fuguet. “Siempre he tendido a escribir del presente”, dijo recientemente a Revista Santiago. “Apenas tengo una novela de época, que sería Mala onda”, ambientada 11 años antes de su publicación.

En su momento, pensó escribir sobre el final del régimen, pero prefirió ambientarla a inicios de los ’80, cuando Augusto Pinochet llevaba menos de una década en el poder. “Me pareció mucho más interesante meterme en las fauces del lobo que mirar su cadáver”, planteó hace poco a Radio Duna.

Tras regresar de Río de Janeiro, Matías Vicuña pasa sus días rodeado de amigos, carreras, algo de sexo, alcohol y drogas, envuelto en un aire que recuerda al mítico Holden Caufield en El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.

Mientras lo escribía, Fuguet no estaba muy convencido de lo que estaba haciendo. Sin embargo, los espaldarazos que recibió de parte de colegas de la talla de José Donoso y, sobre todo, de Antonio Skármeta resultaron claves para perseverar.

Una tensión

Tras aparecer en Argentina en diciembre de 1991, esa primera novela aterrizó en Chile un mes después, ya en enero de 1992.

La publicación se encumbró en ventas, sin embargo, enfrentó una despiadada crítica del cura Ignacio Valente, quien despedazó la obra en El Mercurio.

Grandes serán las tragaderas que necesita un crítico literario, y creo que las mías lo son, pero no llegan a tanto como para terminar esta bazofia”, escribió Valente en aquel entonces.

Cuando ya han pasado tres décadas desde aquella declaración, según dijo a LT, Fuguet le restó importancia a esas palabras.

Y es que “esa crítica fue la suma de descalabros que ahora entiendo que vienen con una cierta costumbre de nunca nombrar nada, no hablar, o solamente permitir que los raros sean los otros”. El escritor supuso que “lo que molestó fue que yo revelara secretos”.

Como sea, la nueva versión de Mala onda, publicada en el sello Random House en conmemoración a los treinta años de la novela, rescata las distintas críticas que salieron en aquel entonces sobre el libro, como una forma de hacerlas parte de la obra, de captar el escenario en que esta fue lanzada originalmente.

Qué fue de Matías

Fuguet no cree que Mala onda trate “acerca de la clase alta, sino más bien una media alta arribista y aterrada”, la cual habita en “un país oprimido por una serie de represiones”.

En ese sentido, “quise hacer una novela política de alguien que despierta, que se da cuenta”. Sin embargo, “fui ingenuo”, dijo con autocrítica.

Sobre su protagonista, Matías, el escritor quería “presentar a un chico que parece zorrón y tonto, pero que es frágil, tierno, inteligente y ve más de la cuenta”. Eso sí, a pesar de ello, “es un adolescente y no puede tenerlo todo claro”. Por lo tanto, “la confusión y la curiosidad son su motor”.

Más de una vez, el autor se ha preguntado qué sería hoy de Matías, el protagonista. Incluso pensó en escribir un libro para saberlo.

Es más, en 2010 dijo que “estoy en eso”. Por aquel entonces, adelantó: “Lo que quiero también es justamente quebrar esa ansiedad. Mi idea, mi meta es decepcionar a todos”.

Pero esa segunda parte, hasta hoy, no ha aparecido.

Ahora, hace poco, en conversación con Radio ADN, él supuso que hay dos opciones posibles sobre aquel personaje: “Se logró liberar de ese mundo” o “se parapetó en un mundo de los cuatro colegios”.

A él le gusta creer que pasó lo primero, sin embargo, “es difícil que la gente cambie; es más, Chile se demoró 30 años en pensar distinto”. En resumen, “me declaro incompetente con el futuro de Matías Vicuña”.

Igualmente, remató:

—Yo creo que está en Chicureo.

Aunque Fuguet no se siente la persona indicada para emitir esa opinión, “me gustaría pensar que ha envejecido bien”, dijo recientemente el autor sobre la novela, “y que sigue encontrando lectores”.





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