Discriminación hacia pueblos originarios, un error que no se puede repetir

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SANTIAGO.- Cuando faltan solo dos días para el Plebiscito Nacional 2020, la discusión si existirán escaños reservados para los pueblos originarios se encuentra estancada en el Senado. Partidos de oposición y autoridades comunales piden que se agilice este proceso, ya que algunas culturas podrían no ser reconocidas en la nueva carta fundamental que se pretende construir.

DISCRIMINACIÓN

La historia de Chile está marcada fuertemente por el racismo y discriminación hacia los pueblos originarios, incluso llegó a creer que algunas culturas, como el pueblo Chango, ya no existían, algo que no es compartido por Yonathan Castillo, representante de una comunidad changa de 27 familias al norte de Paposo, en la Región de Antofagasta.

Yonathan Castillo

“El pueblo chango nunca se extinguió, se ocultó porque los colonos se llevaban a nuestros ancestros a trabajar a las mineras. También existía mucha discriminación en la ciudad, ellos decidieron ocultarse y comenzar a mezclarse con la gente de la ciudad, pero nunca perdimos nuestras tradiciones, mis padres seguían con sus costumbres, vivimos del mar y pescamos con las mismas técnicas que nuestros ancestros, la cultura se ha seguido reproduciendo de generación en generación”, dijo.

Esta discriminación no es solamente de los civiles, sino que también por parte del Estado, dijo Mónica Obando Lonconao, quien trabajó en un proyecto de interculturalidad para la JUNJI. Agregó que “las políticas educativas nacionales no respetan la cultura de los pueblos originarios. Cuando yo estudiaba en el colegio, los textos de historias decían que las machis eran brujas”.

A pesar del sentido común, los pueblos originarios no quieren una integración a la cultura chilena; al contrario, dijo la mujer, en distintas formas exigen su autonomía, poder realizarse como pueblos que tienen identidad y una cultura diferente a la chilena. En ese sentido, Mónica Obando planteó que, por ejemplo, el pueblo mapuche no cabe en la sociedad chilena, puntualizando que quieren poder practicar sus ceremonias tranquilamente y que se reconozca que son distintos.

En ese sentido, el Estado aún tiene varios desafíos por los cuales debe trabajar en materia de discriminación y reconocimiento de los pueblos.

Por otro parte, Mónica Obando relató su experiencia trabajando en CONADI y planteó que “es una institución muy politizada, depende de quién está en el poder, es funcional a los lineamientos políticos de los gobiernos de turno”. En esta institución, Mónica presenció el racismo hacia su pueblo, cuando una jefa se burlaba de ella por no poder pronunciar purrun (baile mapuche), lo cual ella interpreta como un acto de provocación discriminatorio y así, contó una serie de discriminaciones hacia la cultura mapuche.

RESISTENCIA

En la historia de nuestro país, los pueblos originarios han levantado reivindicaciones que permitan el desarrollo de su cosmovisión como pueblo. Hoy el pueblo chango se levanta exigiendo su reconocimiento, practicando cotidianamente lo que sus ancestros hacían 5.000 años atrás, implementando las nuevas tecnologías, pero las mismas técnicas para la pesca. Siguen siendo hijos del mar.

El censo del 2017 fue importante para este pueblo, ya que 4.725 personas se identificaron como parte del pueblo chango. En ese contexto, Yonathan Castillo manifestó que “nuestros hermanos están tratando de no seguir ocultando lo que son, debemos devolverles el orgullo a nuestros ancestros”.

Pero aún existen esperanzas, el reconocimiento del pueblo chango ya está en su último trámite burocrático, solamente falta la oficialización del Presidente, pero el poder legislativo ya los reconoce como pueblo.

Mientras tanto, para Mónica existe un escepticismo hacia el proceso ya que “me pregunto quién va a participar, tenemos que ver quiénes serán la voz de los sin voz, porque hay mapuches que responden a intereses de los partidos políticos. Los mapuches nunca hemos tenido una cabeza central y eso nos ha permitido mantenernos con vida durante toda nuestra historia, muere uno y se levantan diez”, pero también se esperanza con la experiencia de Colombia y Bolivia, donde las constituciones y los pueblos originarios se sobrepusieron a la propiedad privada.

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