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    El breve latido que burla al silencio: El vuelo de Julio Núñez Rivera


    El breve latido que burla al silencio de Julio Núñez Rivera (Yumbel, 1967), pone de manifiesto aspectos severamente existenciales como lo son la fragilidad y la fugacidad de la condición humana. A saber, dicha publicación corresponde al Premio Revista de Libros 2009, patrocinado por El Mercurio en colaboración con Ediciones Aguilar.

    A partir de su único poemario -y una década más tarde- el autor confía en que sus escritos se defenderán por sí mismos, y está en lo correcto. En él, el escritor, que no se adjudica la publicación, vanagloriándose de ser un poeta premiado, despliega sus alas y emprende un vuelo silencioso que sorprende desde la primera página. Se trata de un poemario honesto y cautivador, propio de la naturaleza humilde del corazón que habita en Julio Núñez.

    Esta obra rica en imágenes, mérito también de sus estudios en Artes Plásticas y fotografía, nos presenta, inicialmente, una llama encendida que establece el punto de partida para ese breve latir que guiará al lector en el ejercicio de burlar a silencio. Sin embargo, la llama es siempre fugaz, se va apagando con la desesperanza como piedra de tope en un agotamiento inevitable y, por el contrario, a ratos encuentra su combustible en el amor. Pero, ¿Cuándo el amor es definitivo? ¿Qué nos ofrece? Sabemos que el amor no nos va a salvar, pero resistimos, insistimos. El ave comienza su vuelo con un grito de angustia para luego caer de bruces sobre el asfalto, en un silencio absoluto. Con esta reflexión no pude dejar de imaginar a Pablo de Rokha señalando que “el silencio es tan infinito, tan espantoso y grande como un grito que cae degollado desde lo alto”. Posterior al silencio, la soledad. El ave planea sobre un mar de incertidumbres y, sobre él, un puente que, como bien diría Cortázar: “no se sostiene de un solo lado”. ¿Nos espera alguien al otro lado del puente? Estamos solos y desvalidos caminando en los extremos en busca de tierra firme, de la salvación, del amor. De nuevo el amor, de nuevo el mismo lugar: un encuentro fortuito y, por supuesto, breve.

    Avanzada la lectura nos situamos al borde del precipicio observando un campo minado a nuestros pies ¿Qué surco abrimos con ese vuelo errático? De pronto, recordamos que estamos vivos y surge la resistencia a caer. Entonces nos ponemos ese escudo que nos resguarda de los miedos, corazón coraza ¿Con qué cargamos que caemos presas de un Continuum sin fin?


    Al final

    todas las historias por disímiles que parecen

    nos conducen

    hacia un único desenlace

    Ahora nos enfrentamos para ver quién baja primero la guardia. No sabemos si acaso nos queda tiempo, pues ya iniciamos un viaje sin retorno. Hay un otro, hay un anzuelo, pero no hay escapatoria. Tal vez la caída nos signifique un descanso, un respiro antes de volver a sumergirnos y deteriorarnos.

    La libertad es una de las más bellas

    y piadosas mentiras

    ¿Alguien vendrá a rescatarnos? El grito es de auxilio. Volvemos a intentarlo, ya no incansablemente, porque nos equivocamos. Se baja el telón cuando nos vemos perdidos. Sin duda la existencia es breve y el equilibrio es precario. ¿Cuál es el límite para sostenernos sobre la cuerda floja? ¿Cuándo nos sabemos realmente muertos? Acaso cuando se acaba la vida y exhalamos el último aliento. Finalmente abrimos los brazos y nos dejamos caer, nos entregamos al silencio total y absoluto. Seguramente después viene el olvido.

      

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