“Érase una vez el oeste”: Notable tributo de Leone al western

En su joya cumbre del spaghetti western la leyenda del oeste agoniza, el mito llega a su fin, los pistoleros y caza recompensas desaparecen a medida que avanza el progreso.


Un filme que hace un merecido homenaje al western es “Érase una vez en el oeste” (1968), mal traducida “Hasta que llegó su hora” por las distribuidoras españolas que, en el 99.9% de los casos, destruyen los títulos reales de las cintas.

Es la obra cumbre de los spaghetti western del director Sergio Leone, quien comenzó su brillante carrera siendo asistente de Vittorio De Sica en la entrañable neorrealista “Ladrón de bicicletas” (1948).

Tributo

Leone por primera vez rueda en Estados Unidos en Monument Valley, famoso valle de tierras coloradas con curiosas mesetas y formaciones rocosas, escenario de grandes clásicos del género.


Es un tributo a grandes realizadores de western estadounidense como John Ford, King Vidor, Anthony Mann, Howard Hawks, Nicholas Ray, Freed Zinnemann, Sam Peckinpah, etc..

En el metraje se observa una docena de referencias a imperdibles del género como “The Searchers” (1956) o “Centauros del desierto”, “Duelo al sol” (1946), “Winchester ´73” (1950), “El Dorado” (1966) y “A la hora señalada” (1952), por mencionar algunos.

En “Érase una vez en el oeste”, la leyenda del oeste agoniza, el mito llega a su fin, los pistoleros y caza recompensas desaparecen a medida que avanza el progreso y la modernidad con la construcción de líneas ferroviarias, epicentro de este relato de muerte y venganza.

Cómo olvidar aquellos primeros planos de rostros descuidados y sus miradas desafiantes y dilatados silencios. Además sus majestuosas panorámicas de paisajes áridos y polvorientos.

Si bien el ritmo, secuencias y diálogos son pausados, simbolizan los jadeos de un moribundo. Son imágenes de una época que nunca existió y que fueron inmortalizados gracias al genio de Sergio Leone.

Banda sonora

La cinta es la perfección hecha realidad, incluso hasta los silencios y ruidos ambientales integran su banda sonora. En esa línea Ennio Morricone, amigo de la niñez y constante colaborador de Leone, crea una obra impresionante que marca a fuego la entrada y salida de cada personaje.

Cada uno tiene su tema musical que identifica a Jill (Claudia Cardinale), “Harmónica (Charles Bronson), Frank (Henry Fonda), “Cheyene” (Jason Robards) y Morton, (Gabriele Ferzetti).

Son melodías que los sitúan en escena, una musicalización nostálgica que viste las bellas imágenes del salvaje oeste creadas por el director de la inolvidable trilogía del “Dólar”.

Leone fuente de inspiración para cientos de cineastas, su breve, pero contundente filmografía lo consolida como el más grande realizador de su generación.

Por Andrés Forcelledo Parada.- 

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