Fibromialgia: atrapada en el dolor

¡Mierda que me duele! Ese es mi primer pensamiento al abrir los ojos, hago el intento de moverme hacia el otro lado de la cama para apagar el despertador. Debo voltearme pausadamente, me cuesta hacerlo. Lo peor del caso, es que esto me sucede todos los días a causa del cansancio arraigado, la rigidez muscular y el dolor crónico que me acecha. En las mañanas -sobre todo cuando hace frío- tengo inconvenientes para levantarme. Y pese a las múltiples dolencias que sufro, trato de incorporarme a la realidad de forma rápida, para que la mente sea más fuerte y le gane a los malestares que siento físicamente. Así es el despertar de quien ha vivido seis años con fibromialgia.

Después de salir de la cama inmediatamente ordeno mi pieza para organizar todo con más calma, eso implica levantarme mucho antes de lo que debería. Es un método de estructura que generé para mantener una estabilidad mental dentro del ambiente de dolor en el que vivo.

Me dirijo al baño y a mi parecer es la parte más complicada y cansadora del día. El poder bañarme completamente sin la ayuda de alguien es un logro personal. Pero el esfuerzo físico que realizo es terrible, porque al salir de la ducha ya me siento muy fatigada. Y mi día esta recién comenzando.

Voy a la pieza para vestirme, de pasada me fijo en la hora para saber si estoy atrasada para ir a clases. Debo apurarme -a pesar de estar bastante cansada- antes de que se me pase la micro, que tomo a dos cuadras de mi casa y que me deja afuera de la universidad.

Mientras camino al paradero voy pensando “ojalá que no esté llena”, por miedo a que me pasen a llevar el brazo afectado. Una vez que me subo al transporte empiezo a analizar el lugar en el que tengo menos riesgo de que me toquen. Generalmente encuentro puesto en un rincón vacío y me voy parada los 45 minutos de viaje -depende mucho del cansancio porque hay veces en el que no resisto casi nada de pie-. En varias oportunidades, cuando veo un asiento vacío, me fijo bien a mi alrededor por si alguna persona mayor o lisiada -aparentemente visible- lo necesita.

¿Qué es la fibromialgia? Según explica el libro “Tortora Derrickson Principios de Anatomía y Fisiología”, es un cuadro doloroso, extraarticular, que afecta los componentes de tejido conectivo fibroso de músculos, tendones y ligamentos. Además del malestar muscular, aquellas personas que somos afectadas por este padecimiento manifestamos trastornos del sueño, cefaleas, depresión, síndrome del intestino irritable e impedimento para desempeñar las actividades cotidianas.

Me mantengo atenta al entorno para ir con tiempo a la bajada porque debo priorizar entre tocar el timbre o afirmarme. Es complejo hacer fuerza en movimiento con un brazo en el que llevo un bolso con peso, más aún, estando agotada. Luego, pese a las dificultades antes mencionadas, consigo llegar a la clase con 30 minutos de anticipación.

No llevo ni media mañana y ya siento que mi cuerpo no me responde. Eso me provoca frustración por el hecho de no poder rendir lo que debería. Continuamente debo luchar con los pensamientos negativos que invaden mi mente, aunque, por otra parte, funciona el raciocinio, y ese lado de mí está consciente de mis ganas de querer seguir progresando.

Una vez que estoy en clases me cuesta poner atención, siempre me consideré distraída, pero no es fácil concentrarse con un dolor que desespera. A mi corta edad tomo demasiados medicamentos para poder hacer mis cosas dentro de lo “normal”. Aquellos remedios me provocan efectos secundarios y una de las consecuencias de aquellas pastillas es sufrir perdida de memoria.

No es sencillo convivir con el dolor permanentemente. Pese a las limitaciones que tengo, ya sea por la enfermedad o por los remedios, esta condición de dolor aparece en diferentes circunstancias de vida, donde la lucha de levantarse es el primer desafío diario. El objetivo es sobreponerse a este malestar fantasma, que se escapa de todo análisis clínico y que poco se sabe. Solo aparecen los primeros síntomas, puntos de dolor, anemia y esta fatiga crónica que se puede concluir que son las principales señales de la fibromialgia.

Es bueno tener apoyo familiar, hacer amistades y mantener la fe para sobrellevar esta condición. La esperanza que todas y todos tenemos es que aparezca realmente el tratamiento que cura, para no depender de tantas pastillas o pasarse la vida buscando el tratamiento alternativo.

Según datos de la Corporación de Fibromialgia de Chile, entre el 1% y 2% de los chilenos sufren esta enfermedad. Yo pertenezco a ese mínimo porcentaje desde que se me diagnosticó a mis 14 años de edad, hoy tengo 20 años. De modo puntual, las personas más afectadas son más mujeres (80%) que hombres (20%).