La fotografía en pandemia en la óptica de Folil Pueller

La mujer contó que para hacer un reportaje de la emergencia no partió como fotógrafa, sino que como ser humano y persona con inquietudes sociales.

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SANTIAGO.- María Jesús (Folil) Pueller lleva la fotografía en su ADN. Sus antepasados fueron pioneros de este arte en Chile; primero su bisabuelo, José Ángel, que trabajaba en las oficinas salitreras del norte, y luego los hijos de él, que también lograron ganarse la vida con este oficio. Claramente aquella pasión quedó en la familia. Folil viajó a España; estudió fotografía y artes textiles, concretó algunos sueños y volvió a nuestro país. Ahora se dedica a la foto documental, retratando una realidad que ha vislumbrado enormes desigualdades, sobre todo con la crisis sanitaria del Covid-19.

   Fue en el 2016 cuando se activó el detonante para lo que es hoy su sello editorial, ligado a temáticas sociales. Ese año, María Jesús fue fotógrafa voluntaria para la ONG Begin Anew, en África, lugar a donde volvió un año después para seguir documentando con su cámara. Su objetivo era mostrar, dijo, la cara real del continente y no la que se muestra a través de los grandes medios de comunicación.

Mercado de telas, Arua, Uganda 2017.

   Con sus proyectos levantó varias exposiciones, una de las cuales fue en el Centro Cultural Estación Mapocho, en Santiago. Después de una década, su retorno a Chile era un hecho. Retrató el estallido social y llegó la pandemia. Esta mujer no ha parado de presionar el obturador.

   “Todo ha sido bien complicado. Tuve una desconexión con Chile durante tanto tiempo y hubo cosas que, hasta que no me metí de cabeza, durante el estallido y la pandemia, no las había visto, no las viví antes. Entonces, todo esto es nuevo, el fotografiar en la calle, en protestas y ahora, en pandemia”, dijo Folil Pueller.

LA POBLACIÓN YUNGAY

La olla común es un trabajo comunitario que no es reconocido, pero que ha jugado un rol fundamental en la emergencia, haciendo frente a las iniciativas de gobierno que, sin duda, son insuficientes.

   Consultada por cómo ha sido el trabajo de un fotógrafo en pandemia, respondió que “de partida la fotografía no es bienvenida”, en el sentido de que muchas de las cosas que se están efectuando, como las ollas comunes, son ilegales. De hecho, las personas que están en ellas arriesgan sanciones -en caso de incumplir la norma sanitaria- con multas que van hasta los 10 millones de pesos, según consignó Ciper.

  “Yo le pregunté a unos amigos si conocían una olla común. Viven en La Granja y me dijeron que sí. Les conté que ‘me encantaría ir a hacer fotos’ y me la hicieron corta, me respondieron ‘sí, todo bien, pero antes de ponerte a hacer fotos, tienes que ir a pelarte las papas’. Creo que fue la mejor manera de entrar. Yo no parto haciendo un reportaje de la pandemia como fotógrafa, parto como ser humano y persona con inquietudes sociales; después de eso tuve la oportunidad de presentarme y explicar lo que quería hacer. Ya llevo dos meses y es algo enriquecedor, tanto a nivel humano, como nivel profesional”, comentó María Jesús Pueller.

 EN SAN MIGUEL

   Siguiendo con su relato, Folil Pueller sostuvo que durante las últimas semanas otro sector de la capital se sumó a su trabajo de documentación: la olla común de la Población San Miguel, ubicada en Tristán Matta con Monja Alférez.

   “Esto se dio de manera muy natural, porque yo fui a la feria que se pone en el Museo de Cielo Abierto (Departamental) y se dio la casualidad de que, mientras compraba lechugas, un caballero nos ofreció manzanas. Ahí le dije a mi compañero: ‘oye, vamos a cachar qué onda la olla’. Nos acercamos. Estuvimos conversando y preguntamos si faltaba gente que fuera a cocinar; nos respondieron que sí. Así que quedamos de volver. Volvimos (…) Las vecinas son mayores, súper organizadas; ese día dieron más de 100 pasteles de papas y me llamó la atención que la persona que lleva adelante esta olla es un jovencito de 17 años. Esto es gratificante, que por un lado es gente mayor con la comida y otra súper joven en la organización. Acá llevo muy poca documentación, porque me tomo el tiempo de conocer a la gente, porque es delicado el tema de las identidades, porque las ollas son ilegales”, manifestó.

LA FOTO

   Al terminar la conversación le comenté a María Jesús que pensara en una de las muchísimas fotografías que ha hecho durante la crisis y qué significó para ella esa imagen.

– Mmm… Está complicado responderte ahora.

Después de un breve silencio, me respondió: “Pero sabes, sí lo tengo claro”.

– ¿A ver?

“Es una foto en El Bosque, cuando fueron las protestas por el hambre, que fue el detonante de todo lo que ha venido después. Yo tuve la oportunidad de estar ahí. Yo me dediqué a hacer muy pocas fotos, porque estaba grabando un video que después salió en la Agencia EFE (…) Esta foto marcó un antes y un después para mí. Se ve Fuerzas Especiales en una línea, un zorrillo y los manifestantes detrás. Está hecha con un 300 mm, pero estuvimos todo el tiempo con protección porque era una lluvia de piedras. Esa foto fue bien extrema, recibía las reacciones de los vecinos que estaban atrás de espectadores, todos bien en contra con la represión policial. Fue potente”, sentenció.

***

Probablemente la obra de María Jesús sea vista tiempo después en una exposición de algún rincón del país, o fuera de él, sacudiendo las emociones del espectador al rescatar la dignidad de las personas. Sus fotos fueron hechas en tiempos muy dolorosos, pero es difícil no decir que cuentan belleza y sensibilidad.

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