La transformación de la universidad bajo una perspectiva feminista y de género 

Por María Paz Barrales Vargas y Natalia Ojeda Gaete 

La escritora y filósofa francesa, Simone de Beauvoir, diría en su reconocida obra, el Segundo  Sexo, que hablar sobre la mujer es irritante, principalmente para las mujeres, porque significa  que se debería explicar qué es una mujer ¿Y por qué habría que dar explicaciones acerca de  cómo somos las mujeres?

Este texto fue escrito en 1949 y marcó un precedente en el feminismo de la época por el  sometimiento de las mujeres -que todavía existe- bajo un ideario cultural y social patriarcal.  Sin embargo, pareciera que en la actualidad estas palabras todavía necesitaran ser  respondidas por algunas personas o instituciones.

¿Y la respuesta? Para la autora, una respuesta a la “problemática” de la pregunta anterior es  que “a un hombre no se le ocurriría la idea de escribir un libro sobre la singular situación que  ocupan los varones en la Humanidad”.

Breve historia de las mujeres y sus exigencias de derechos sociales 

La escritora chilena y ganadora del Premio Nacional de Literatura en 2018, Diamela Eltit,  escribió en 1994 Crónica del sufragio femenino en Chile donde señaló que el 6 de noviembre  de 1877 se dictó -durante el gobierno de Aníbal Pinto- el Decreto Amunátegui que permitió a  las mujeres ingresar a estudios universitarios. Se consideraron tres puntos fundamentales,  en donde se convenía estipular que las mujeres ejercieran estudios serios y sólidos, pudieran  desempeñar profesiones como las denominadas científicas y, por último, la importancia de  facilitar los medios para que éstas pudieran subsistir por sí mismas.

Es por ello, que el ministro de Educación de aquel entonces, Miguel Luis Amunátegui, decretó  que las mujeres debían “ser admitidas a rendir exámenes para obtener títulos profesionales  con tal de que ellas se sometan a las mismas disposiciones a que están sujetos los hombres”.

De acuerdo con el libro Historias de las mujeres en Chile Tomo 1 (de los autores Ana María  Stuven y Joaquín Fernandois), en 1881 Eloísa Díaz Insunza y Ernestina Pérez, tras el decreto  Amunátegui, fueron las primeras chilenas en cursar y recibir el grado de bachiller en Filosofía  y Humanidades. Seis años más tarde, Díaz se convirtió en la primera médica cirujana titulada  de Sudamérica y, de igual manera, Pérez logró graduarse de doctora en el mismo año (1887).  Solo por ser mujeres, Eloísa debía ir acompañada de su madre a la universidad y Ernestina  cuando prosiguió sus estudios de medicina en Alemania debió ir, algunas veces, cubierta con  un biombo.

Después del gran logro de Eloísa y Ernestina, más jóvenes se motivaron a estudiar distintas  carreras universitarias de las que egresaron abogadas, ingenieras y dentistas. Como  consecuencia de este hito académico, las mujeres comenzaron a repensar y cuestionar su  posición respecto a los roles que les impuso la sociedad de coexistir como sujetos sin opinión  e inherentes a los quehaceres domésticos. Fue en virtud de ello que emprendieron un difícil recorrido, lleno de disconformidades e inquietudes, dispuestas a validarse como ciudadanas  con capacidades y aptitudes para profesionalizarse.

En este período, empezaron a vislumbrarse las primeras organizaciones por el derecho del  voto político, las cuales exigían igualdad de derechos en cuanto a su situación legal inferior y  a sus limitaciones civiles y simbólicas.

En Crónica del sufragio femenino en Chile, Eltit evidenció que en 1931 se habilitó el voto  femenino restringido solo a elecciones municipales, inhabilitando todavía su derecho  ciudadano. En 1945, la profesora y poeta Gabriela Mistral fue la primera latinoamericana en  ser galardonada con el Premio Nobel de Literatura aunque, paradójicamente, no podía ejercer  su derecho a sufragar en Chile. Es por eso, que resultó significativa la unificación de  organizaciones de las mujeres en áreas académicas y sociales para que en 1949 se firmara  la ley que permitió el sufragio femenino en elecciones presidenciales y parlamentarias.

En los últimos años, el movimiento feminista ha venido tomando fuerza en el mundo y en  Latinoamérica con campañas como #Niunamenos en 2015 protagonizada por las mujeres  argentinas el cual exigía el fin de la violencia a las mujeres; #Metoo en 2017 por denuncias  de acoso y abusos sexuales en contra del productor de cine Harvey Weinstein; en 2018  múltiples mujeres participaron en paros y tomas demandando el cese de la violencia de  género en las instituciones estudiantiles y la exigencia de una educación no sexista, y fue en  ese período donde se originó la Asociación de Abogadas Feministas (Abofem).

Bajo el contexto nacional, la primera huelga general feminista fue convocada el 8 de marzo  del 2019 por la Coordinadora Feminista 8M en el Día Internacional de la Mujer. En este  evento, y de acuerdo a cifras oficiales, se reunieron alrededor de 190 mil mujeres en Santiago.

Posterior al estallido social en Chile, emergió desde Valparaíso un colectivo de mujeres  llamadas Las Tesis, que presentó una performance con la canción Un violador en tu camino que fue reproducida en muchas manifestaciones feministas alrededor del mundo.  Recientemente, y no menos importante, fue la histórica marcha de mujeres que se llevó a  cabo en nuestro país. Según consignó CNN Chile, más de dos  millones de mujeres marcharon por las calles de Santiago.

Camino a una educación inclusiva  

De acuerdo al Observatorio de Género en Educación Superior, creado en 2019 por el  Ministerio de Educación, 25 de 44 universidades (57%) tienen su propia política, plan o  programa institucional de equidad e igualdad de género y 31 de 44 universidades (70%) han  implementado cursos para incorporar perspectiva de igualdad de género en el quehacer  profesional y formativo de los y las estudiantes.

Pese a que la Universidad Central de Chile no está adscrita al compromiso organizado por el  Ministerio de Educación, aprobó un curso transversal como parte del acuerdo entre la  Asamblea de Mujeres e Identidades No Heterosexuales y las autoridades de la universidad  el 12 de julio de 2019. Esta propuesta reafirmó y respondió al acuerdo que los y las jóvenes  exigieron en las conversaciones efectuadas bajo el contexto del movimiento feminista  universitario de la Universidad Central iniciado en 2018.

El programa de estudios del Curso Transversal Institucional Género y Sociedad fue elaborado  por Ana María Gutiérrez, jefa de ese tiempo de la Unidad de Género y Diversidad en el año  2019 y contó con la colaboración de la académica Verónica Romo López.

En pleno 2020, la crisis sanitaria del Covid-19 impidió a alumnos y docentes asistir a clases  presenciales en el que se vieron obligados a implementar una metodología de aprendizaje a  distancia.

Desde el año 2008 hasta 2017, la docente Marcia Rojas Adriazola ya realizaba clases de  Género en la carrera de Educación Parvularia en la Universidad Central de Chile. En aquella  época, los temas de feminismo y género eran incipientes en nuestro país.

Para la educadora, adaptarse al nuevo panorama de las clases online fue muy difícil. “Esto,  fundamentalmente, porque las relaciones cara a cara son de gran relevancia para lograr  aprendizajes en nuestras y nuestros estudiantes. Nada reemplaza a la relación profesor alumno”.

A pesar de las complicaciones metodológicas -y según datos que entregó la Coordinadora de  la Unidad de Formación Transversal de la Universidad Central de Chile, María Soledad Pérez,  en las sedes de Santiago y La Serena se inscribieron un total de 192 personas de pregrado  el 2020. “El Curso Transversal Género y Sociedad ha sido muy bien recibido por parte de las  y los estudiantes de las cinco facultades y por las autoridades de la universidad”.

Reconociendo un momento histórico 

El segundo semestre de 2020, la profesora Marcia Rojas Adriazola estuvo a cargo del curso  transversal Género y Sociedad de la Universidad Central (sede Santiago), que fue dictado al  alumnado de pregrado de distintas facultades. En el programa, participaron alrededor de  cincuenta y seis jóvenes de manera remota por medio de la plataforma Microsoft Teams.

A lo largo de la cátedra, la docente introdujo autoras/es y conceptos claves sobre feminismo  y temáticas de género con el fin de que sus estudiantes fueran capaces de reconocer la  historia de las mujeres y el funcionamiento de las nociones de sexo y género como una  construcción sociocultural y, además,  para reconocer las problemáticas que pudiesen hallar en  sus áreas de trabajo y en la sociedad adoptando, desde una mirada con perspectiva de  género, una postura crítica y responsable, entre otros objetivos.

Bajo esta misma línea, el estudiantado desarrolló un proyecto de Investigación-Acción  (metodología que busca la colaboración integral del grupo) con la finalidad de identificar un tema o problema de género para solucionarlo mediante una reflexión crítica a partir de la  bibliografía revisada en clases.

Dentro de las investigaciones, la profesora distinguió algunos informes por la originalidad de  sus tesis y la calidad de los análisis. Las temáticas más destacadas fueron: el deseo femenino  dentro de una sociedad patriarcal, la concientización de la población sobre el acoso callejero  que viven las mujeres, la posibilidad de generar un cambio en la idea del rol de la mujer en  una familia inserta en el sistema patriarcal y la igualdad de participación entre mujeres y  hombres en festivales musicales en Chile.

Si comparamos el contexto de las mujeres con algunas décadas atrás, ciertamente, se ha  avanzado. Los primeros años que Marcia empezó a impartir estos cursos, las universitarias  no habían siquiera escuchado el concepto de género. “Las mujeres universitarias debemos  continuar tomando conciencia acerca del mundo que queremos dejar a nuestras hijas, nietas,  bisnietas, etc.”, recalcó Rojas Adriazola.

Es importante reconocer el momento histórico que estamos viviendo las mujeres y es  indispensable que este tipo de cátedras sean integradas en todas las universidades y centros  de formación (especialmente, en la educación superior). Por su parte, Marcia afirmó que  “debemos tener mujeres especialistas en el tema que sean quienes dicten estos cursos.  Nadie lo haría mejor que una mujer”.





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