Relanzamiento de “Y tú, ¿tan feliz?” de Bárbara Carvacho: aborto, clandestinidad, legislación y amor

Pudo elegir publicar gracias a un espacio otorgado por mujeres y que, como bien afirma en una de su páginas, son sororas.

A dos años de la publicación de su primer libro, Bárbara Carvacho, periodista y escritora chilena, vuelve a exponer, en una segunda edición, las temáticas del aborto, la clandestinidad, la legislación y el amor.

Y tú ¿tan feliz? o el “Tután” como lo llaman con cariño el colectivo de escritoras de La Secta editorial, es una autobiografía, un viaje inolvidable, cuya autora, a partir de sus temores y terrores, eligió contar su experiencia para visibilizar el dolor con el que cargan y han cargado muchas mujeres a lo largo de generaciones:

“Ser mujer en Chile no es más que una larga lista de trancas a las que te vas a enfrentar hasta tu muerte. Desde el colegio, con tu ropa, en el amor, con tu cuerpo, en tus sábanas, en el útero y en el cerebro”.

Bárbara pudo elegir publicar gracias a un espacio otorgado por mujeres y que, como bien afirma en una de su páginas, son sororas (sororidad, del latín soror, que significa hermana). Se trata de un taller/colectivo con visión humana y transmutadora que finalmente se convirtió en una editorial que hoy por hoy lleva tres títulos publicados: Y tú, ¿tan feliz? de Bárbara Carvacho, Nada muy serio de Jessica Araya Catalán y Margen de error de Jocelyn Zavala. Tres ejemplares a cargo de editoras en visita como Claudia Apablaza y Julieta Marchant.

Sin embargo, lo que Bárbara no pudo elegir libremente y por derecho, fue abortar: “Yo soy bastante nadie, por eso pongo el yo antes del soy”, escribió en la segunda página una mujer que no es famosa y que no tiene privilegios, pues para llegar a decir “soy abortista”, es decir, para ser, primero tuvo que descender al infierno y quemarse en carne viva en cada intento por desprenderse de la posibilidad y ya no elección, de ser mamá.

Se trata de un libro de 173 páginas escrito a partir del dolor, de la frustración, de la rabia y las mil y una formas en que pueden ser mancilladas las emociones, con un estilo irreverente y de contenido sustancial, exquisitamente descriptivo y sumamente generoso.

Comentario

La autora revela los innumerables intentos por abortar, los resultados de test de embarazo negativos (felicidad), y los resultados positivos (miedo). No le quedó de otra que recurrir a la clandestinidad, a sumergirse una y otra vez en la depresión, en la paranoia, en la angustia que corta la voz. Consultas carísimas, exámenes, nuevos intentos y más exámenes. No hay plata en el bolsillo, vives en un país donde no hay derechos reproductivos ni sexuales, solo sensación de maldad, un dolor ardiente en la piel y en las caderas. Hay persecución, una lucha constante, ella y todas derramando lágrimas de sangre. Quizás una mamá, tu propia mamá, que te llame asesina y no por tu nombre. La culpa católica, esa que te dice que dios está en todas partes observando, anotando cada uno de tus pecados, el mejor invento de las religiones donde la responsabilidad de todo acto recae en el ser impotente.

Pero funcionó. Ganó. Le ganó a la injusticia. Sobrevivió. Cómputo final: $492.000, 56 pastillas y 0 hijos.

“¿Te das cuenta que no solo estoy hablando de abortar? De pronto toda mi experiencia queda minimizada por un montón de atrocidades que una va escuchando cuando se hace grande. Hay algo que descubrí después de despedir mi guagua paloma: el amor. El romántico. Las mariposas en la panza. Los celos. Las jugarretas mentales. Perderse, perderse por otro. ¿Cómo es que me pude perder por un hombre? Eso pasa cuando te condicionan en modo no-eres-suficiente-sola. ¿Cómo es que no somos tantas las que no podemos ser suficientes por nosotras mismas? Mentiras. Mitos. Traumas del patriarcado -ahora sí lo digo con conocimiento de causa- que cargaron las abuelas, las madres, nosotras y las que vienen. Tantas lágrimas, tantos corazones tristes, cuerpos dañados, mentes intranquilas”.

 Son impresionantes las consecuencias que acarrean la falta de educación sexual, la falta y la falla, el acto primitivo y la omisión de la ternura, del respeto, de cómo nos relacionamos sanamente. ¿Y la educación emocional? Validar eso que te pasa adentro, aquello que te mueve o te paraliza. Pero cómo no quererte si tu propia mamá no te ha querido, si tu abuela no ha querido a tu mamá, si te dicen que la maternidad te trunca los sueños, que solo puedes ser buena mamá o profesional (y no ambas), que tu vida pasa a ser la de tu hijo y ya no te puedes desarrollar como mujer, como mujer que puede hacer todo lo que hace el hombre, que no te aceptes, que te vuelvas invisible. Porque no solo está el no puedo, existe el no quiero. Y si existe el no quiero, también existe el quiero. La maternidad deseada en toda la extensión de la palabra, prepararse para engendrar un buen ser humano, desearlo tanto que tengas plena consciencia de que no solo le quieres, sino que le amas con la convicción de que puedes educarle y contenerle como no lo hicieron contigo, de entregarle valores, de cambiar la historia y no repetirla, liberarle de la jaula para que sea una mujer con el derecho de  decidir con el corazón y con la mente, sobre su cuerpo y sobre su ser, y para que las Nadies seamos Todas.

Gracias Bárbara por la información, por el relato fluido, unas veces irónico y siempre honesto, por permitirme abrazarte en la intimidad y en el discurso:

 “Esto es por cada una de nosotras. Por todos nuestros úteros, por los de nuestras abuelas que murieron con alambres, por nuestras mamás que quisieron otra vida y no pudieron porque hacer familia era lo correcto, por todas las decisiones truncadas. Por las que se murieron en el proceso. Por las que terminaron en la cárcel. Por cada una de nuestras lágrimas y úteros. Por mí, que siempre voy a estar para ustedes”.





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