“Schindler’s List”: El episodio más desgarrador de nuestro pasado reciente

La obra cumbre de Steven Spielberg se puede encontrar en Netflix; obtuvo 7 Oscars, incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor banda sonora a cargo de John Williams.


Recientemente visioné “La lista de Schildler” (1992), y aunque la he visto en varias ocasiones, aún me sobrecoge la historia del empresario alemán que durante la Segunda Guerra Mundial salvó la vida a más de mil judío-polacos.

Aunque su figura cuenta con buenos pergaminos por esta loable obra, los antecedentes históricos son lapidarios con el ambicioso, vividor y mujeriego Oskar Schildler, quien pertenecía al Partido Nazi, para el cual realizó operaciones encubiertas.

La guerra

Gracias a estas conexiones el empresario se enriqueció a costa del atribulado y humillado pueblo judío durante el conflicto bélico, y de la noche a la mañana se transformó en millonario.


Sin embargo, en un punto éste toma una trascendental decisión y utiliza todo su poder económico e influencia para salvar de la muerte a un grupo importante de hombres, mujeres y niños.

Otras cientos de miles de personas enviadas a los Campos de Concentración distribuidos por toda Alemania, Polonia y Europa, no corrieron la misma suerte; oficialmente fueron 6 millones de almas.

Shoa

Para quienes niegan el Shoa, término hebreo para referirse al Holocausto, el filme de Steven Spielberg es un valioso referente histórico para conocer lo horrores sufridos por los judíos en la Europa de la década de los 40.

Recuerdo la primera vez que vi el filme, me pregunté el porqué el director la hizo en blanco y negro; luego comprendí que simbolizaba la ausencia de esperanza en la época más oscura que haya vivido la humanidad.

Cada fotograma es desesperanzador, por instantes pierdo la fe en una posible vía de escape para las víctimas del terror desatado por las políticas de Adolf Hitler y su llamada “Solución final”.

Las únicas imágenes en color son la niña del abrigo rojo, que simboliza el derramamiento de sangre durante el desalojo del Gueto, y luego los sobrevivientes hebreos cuando visitan la tumba de Schindler en Israel.

Tres pilares

A un nivel extraordinario está el trío de actores liderados por Liam Neeson (Oskar Schidler), uno de los personajes que más evoluciona y es testigo de primera fila de los terribles acontecimientos.

Al arrancar la cinta está claro que él no odia a los judíos como los Nazis, pero tampoco le quita el sueño su sufrimiento. Es más, los utiliza como herramienta para llenar baúles de dinero y luego retirarse millonario hasta su tierra natal como triunfador.

Por otra parte está Ben Kigsley (Itzhak Stern), el contable judío que ayudó a Schindler en su aventura empresarial y lo hizo millonario en poco tiempo.

A través de los ojos de Stern vemos cómo los judíos sufren en carne propia la barbarie germana y por momentos nos ponemos en los zapatos de quienes vivieron el horror del Holocausto.

Y finalmente Ralph Fiennes, que encarna el capitán Amon Göth, apodado “El carnicero de Cracovia”, comandante del Campo de Concentración de Plaszow.

Es un sicópata de tomo y lomo que mata por diversión y maldad;  sufre radicales cambios de temperamento, gatillados porque se enamora de su ama de llaves, la judía Elen, y por los consejos de Schindler, que lo confunden.

El dinero

Un elemento interesante de la historia es el poder del dinero que se transforma a medida que avanzan los sucesos en contra del Pueblo hebreo.

Al principio Schindler utiliza su dinero y persuasión para ganarse la confianza de los altos jerarcas alemanes; la guerra es su gran aliada y la única vía para conseguir el ansiado éxito que tantas veces le fue esquivo en los negocios.

En otro plano los empresarios judíos tuvieron que creer en la palabra de Schindler y entregar todo su dinero para invertirlo en la fábrica, para contar con especies que luego utilizarían para poder sobrevivir.

Pero el dinero toma real relevancia cuando el empresario elabora una lista de refugiados y apela a la codicia de Göth para salvarlos de un fatal destino en Auschwitz.

Luego Oskar hace un mea culpa y se reprocha haber derrochado dinero en cosas inútiles, con lo cual hubiese salvado más vidas.

 

 

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