“The Jazz Singer”: Desde Broadway a la revolución sonora del séptimo arte

A propósito del aniversario de esta cinta, que fue a principios de este mes de octubre, en Cultura 21 te contamos un poco de historia.

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Por Martín Calquin Donoso

  Durante los años 20 en New Jersey, Estados Unidos, la industria cinematográfica experimentó los primeros cambios después de su primer gran periodo en Francia y la Unión Soviética, que llegaron a ocupar el 70% del mercado del cine mundial. Los estadounidenses fueron capaces de desarrollar algo que hoy se considera como básico en el cine. Se trata de los estudios de grabación, el que sería el primer paso para la revolución del séptimo arte.

  Las primeras grabaciones del cine representaban experiencias cotidianas de la vida y era común que los asistentes se asustaran con imágenes de trenes acercándose, en situaciones de peligro; al fin y al cabo, se trataba de imágenes en movimiento, sin una línea temporal visible. Podríamos asemejar el desarrollo de las redes sociales con la experiencia del cine, situaciones comunes de la vida cotidiana que causan gran impacto en una masa, como si fuera algo mágico, algo nunca antes visto en el mundo.

Un periodo de innovaciones

Corría el año 1927 en New York y en las carteleras de los cines se apreciaba el afiche de “The Jazz Singer” con el cantante de moda, Al Jolson, como protagonista.

  ¿Qué podía tener de particular una producción cinematográfica para el bajo pueblo neoyorquino que apreciaba esos espectáculos en las ferias? La respuesta sonaba fantástica: es que es el primer largometraje con un dialogo de audio sincronizado.

  Muchas son las emociones encontradas con esta evolución del cine. Desde la clase acomodada, que despreciaba este avance por acortar la brecha entre el teatro y el cine, ya que el teatro era para la elite, mientras que el cine solo eran representaciones simplistas de la vida cotidiana. Hasta la parte del bajo pueblo, que cambió la percepción de apreciar el cine, ya que antes de la revolución del sonido las salas eran ruidosas, siempre acompañadas de un pianista en los pies de la pantalla dando vida a la cinematografía… ahora la atención iba puesta en diálogos de personajes, generando un proceso reflexivo en torno al mensaje que se percibía.

Al Jonson en The Jazz Singer.

  Con esta apuesta, por parte de una casi quebrada Warner Bros, se logró desarrollar, en conjunto a Western Electric y Vitaphone, la sincronización del sonido con las imágenes y, a pesar de que los costos oficiales eran elevadísimos, esta sería una oportunidad para que la productora siguiera con vida y perdurara a través del tiempo.

  Como en casi todo, el éxito no fue inmediato. La participación activa de los encargados de sala fue lo que llevó a “The Jazz Singer” ser un modelo para las demás productoras y el comienzo de los musicales en el cine. Estos encargados regalaban entradas que muchas veces se revendían a precios miserables. Con las entradas regaladas o compradas a costos muy bajos (10 centavos), es que el éxito del film fue inevitable, todos la comentaban y de a poco esos comentarios fueron llegando a Europa, donde la cinta duró tan solo dos semanas en la cartelera, pero resultó ser toda una inspiración y motivación para comenzar con proyectos de ese nivel.

  De esta manera, los hermanos Lumière serían desplazados del reino de la cinematografía y comenzaría un nuevo periodo del séptimo arte, con la expansión hacia el oeste de Estados Unidos, teniendo como sede California. Hablamos de la ya reconocida industria nacional del cine estadounidense.

Un placer culpable

  La película “The Jazz Singer” (1927) es la adaptación de un famoso musical para teatro lanzado en Broadway en el año 1925, el cual recoge la admiración de la audiencia blanca por escuchar música afrodescendiente, música popular en esa época, donde los afroamericanos eran el eslabón más bajo de la sociedad.

  Al Jolson personifica a Jakie, un joven de familia judía interesada en que él siguiera la tradición de sus ancestros de ser rabino. Al no estar de acuerdo, Jakie comienza una vida como cantante en bares y clubes llegando a Broadway, donde interpreta uno de sus grandes éxitos: My Mammy.

 Lo interesante de esta escena, es que Al Jolson esta disfrazado de afroamericano, lo que interpreta la admiración y ese deseo culpable que tenían los blancos por escuchar música negra, ya que por las circunstancias sociales no era posible que la elite permitiera a un negro estar en los escenarios, pero sí que un blanco se disfrazara de afroamericano y que la película tuviera un éxito rotundo en la época. Era una señal de protesta, Al Jolson era de los primeros en realizar un acto público y autorizado por los blancos para mostrar arte afroamericano y lo talentoso que eran.

  Con la depresión de 1929 es que el modelo de adaptar musicales a películas comenzó a ser un negocio muy rentable. No se necesitaba invertir en guionistas para elaborar un film desde cero, si no que adaptaban musicales a la pantalla grande y con esto la integración de la música afroamericana se hace cada vez más presente en las vidas de los blancos.

  Esta experiencia permitiría a distintas productoras de Europa atreverse a lanzarse con sus propias películas sincronizadas en la década del 30, como “Amanecer”, “The Big Parade” y “Rey de Reyes”, clásicos del cine europeo.

  Esto generó la disputa por concentrar el desarrollo tecnológico de la industria y que el capital que generaba el cine estuviera monopolizado en un solo continente. Lo que sigue es historia conocida.

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