La repolitización del espacio público

Crédito: Gonzalo Ibarra | @gonzalo.fotos

Juan Sebastián Urzúa Pineda, académico Universidad San Sebastián

 Durante años fue tema recurrente en conversaciones académicas, disciplinares e incluso coloquiales la profunda desigualdad en la que está sumido nuestro país producto de la implantación del modelo neoliberal en dictadura. Siguiendo lo que plantea David Harvey, nuestro país es el ejemplo del neoliberalismo en el mundo. Este modelo influyó no solamente en las políticas económicas, sino que en una diversidad de áreas que afectaron (y siguen afectado) la cotidianeidad del pueblo chileno: educación, salud, vivienda, seguridad social, etc., hablamos de un estado subsidiario donde además el mercado actúa sin nnguna regulación.

Pues bien, por parte de la sociedad civil, tenemos antecedentes históricos próximos de decenas de manifestaciones en el espacio público, de manera explícita o implícita en contra de este modelo, que van desde los llamados temas sociales mencionados anteriormente hasta los denominados en la “agenda valórica” (derecho al aborto, legalización de tenencia y consumo de cannabis, etc.).

El gran problema radica en que la mayoría de estas manifestaciones civiles son denominadas “marchas autorizadas” por parte del Estado, reprimiendo cualquier tipo de actuar, por parte del poder policial, que se salga de los márgenes de lo autorizado por la institucionalidad.

Cuesta pensar que el espacio público sea concebido como un espacio no politizado y donde lo social no explote de forma caótica, recordar la tendencia al caos; cuesta pensar que el Estado, en conjunto con las fuerzas represoras, pretendan dirigir (ni siquiera sugerir) por cuáles calles se debe o no marchar, cuáles son los lugares autorizados y cuáles no, siendo que, para Manuel Delgado (antropólogo), el espacio público es un espacio politizado y siempre en disputa.

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Cualquier maniobra de salida dentro de los márgenes establecidos era y es tildada como vandalismo, lumpen o llamado de muy mala forma anarquía, sin considerar que la misma definición de lo publico da cuenta de un sinnúmero de dimensiones entre las que se incluyen la de resistencia frente a las elites opresoras y reparación de las libertades robadas en dictadura.

Los medios de comunicación tradicionales cumplen un rol fundamental en este discurso vandálico; se condenan las maniobras de salida mencionadas anteriormente, se criminalizan; y se alaba, además, a los buenos ciudadanos que marchan en paz y siguen las ordenes de la institucionalidad.

Lo que hemos visto durante estos últimos siete días es la toma del espacio público por parte de la sociedad civil, de sujetos anónimos que, con una alta capacidad de agencia, logran organizarse por medios impensados hace cinco o diez años y, efectivamente, logran politizar un terreno que durante décadas fue un espacio higienizado, neutro, despolitizado y donde la ciudadanía tenía escasa capacidad de maniobra frente a lo impuesto por el Estado; lo social se construye en la visibilidad de lo público, en los lugares donde la dictadura arrasó con todo tipo de performatividad política y la misión de todas y todos es recuperar el espacio perdido, repolitizarlo y permitir que la ciudadanía se exprese de forma caótica y libre de cualquier mandato institucional.