El espacio se conecta a través de un circuito guiado, que comienza por un sendero enrocado escoltado por la impresionante presencia de las casas que aún permanecen.
La artista de Quilpué abre un espacio propio dentro del pop chileno con una propuesta que cruza música y lenguaje cinematográfico, construyendo canciones que funcionan como pequeñas escenas emocionales.